¿Empresario o negociante?

Abismales diferencias.



Siempre han sido muy claras las abismales diferencias entre un verdadero empresario y un simple negociante.

La realidad es que muchos negociantes se auto denominan empresarios y tanto en la forma como en el fondo, no lo son.

En estos tiempos de crisis, salen a relucir con mayor claridad las abismales diferencias entre unos y otros.

Algunos rasgos del Negociante serían:

1. De su misión: Su misión es ganar dinero, aquí y ahora. Esto no suena mal. Pero cuando observamos el CÓMO, es en donde se manifiestan estas diferencias más claramente. ¿Cómo logran ganar dinero? Dicho en palabras reales de un cliente que tuve hace un tiempo: “Jodiéndote” a alguien; a los clientes, o a los proveedores, o a las instituciones financieras, o a Hacienda, o a los “empleados”, o a tus socios, o a todos juntos.

2. De la sustentabilidad de sus “empresas”: Es una de las formas en las que logran hacer dinero con cierta facilidad, obviamente con negocios no sustentables, ya que rápidamente llevarán a la crisis a sus organizaciones. Sus periodos de vida son cortos y llenos de crisis recurrentes, con falta de liquidez crónica, problemas financieros, baja moral en sus colaboradores mal pagados, etc.

3. De sus valores: Un rasgo predominante es que sus valores están subordinados totalmente a sus ambiciones y avaricias personales, por lo cual, sus comportamientos no se rigen por valores, sino por complejos mecanismos de avaricia y ambición patológica.

4. De los escrúpulos: Siendo más claro y directo: ¡no tienen escrúpulos!, son capaces de robar literalmente, sin ningún sentimiento de culpabilidad. Esto hace que sus conductas lleguen a ser delincuenciales en muchos casos.

5. De sus comportamientos socialmente aceptados: Generalmente comparten y socializan con “empresarios” similares, en donde el "blof" es parte de la cultura predominante, por lo que no solamente NO se ven mal sus comportamientos, sino que terminan siendo comportamientos socialmente aceptados, (por su grupo de referencia), llegando a considerarse incluso “muy buenos y exitosos empresarios”.

6. De sus prácticas organizacionales: Es evidente que el conjunto de prácticas organizacionales es por demás un reflejo de su personalidad avariciosa. Políticas de Recursos Humanos infames, alta rotación, problemas financieros, opacidad administrativa hacia sus socios, antecedentes de conductas ilícitas, compra de facturas e incluso venta de estas, corruptelas con autoridades de diferentes niveles, etc. La lista sería interminable, pero con el común denominador de que forman un grupo homogéneo de prácticas con la misma identidad.

Terminan siendo unos simples administradores del gasto, sacrificando inversiones productivas en capital intelectual, en futuros negocios, en proyectos estratégicos, ya que todo esto es visto como gasto irrelevante y disminuye las “utilidades” en corto plazo.

7. De su cinismo: Un par de rasgos claros son su soberbia y cinismo con el que se venden ante la sociedad y la comunidad, haciendo alarde de sus logros materiales y ostentosos gustos. Presentándose como grandes personas exitosas ante el mundo y escondiendo la verdadera fuente de su riqueza material.

8. De sus historias: Obvia decir que dejan en su camino una cantidad innumerable de personas dañadas por sus prácticas “empresariales”; una larga cola de historias de terror de lo que han sido capaces de hacer con tal de ganar dinero en el corto plazo. Socios (muchas veces familiares) ultrajados y víctimas de sus fechorías, excolaboradores que han sido tratados y despedidos con las peores prácticas de ética laboral, clientes afectados por sus acciones, etc.

9. De su equipo de trabajo: Simple, terminan formando equipos afines, sin escrúpulos, sin valores y ética laboral, e incluso personal, son simples cómplices de sus prácticas, que incluso le aplauden decisiones terribles, gerentes subordinados, muchas veces por miedo, a sus caprichos y actos “empresariales”.

10. De su futuro: Muchas veces con futuros lamentables, con enemigos en el camino, con clientes insatisfechos y dolidos, con poca credibilidad financiera, con poca o nula confianza por parte de importantes actores de sus entornos de negocio. Socios que deciden des-invertir en negocios poco transparentes financiera y administrativamente hablando.

Futuro muy poco prometedor.

Futuro de las empresas con poca probabilidad de sustentabilidad y muy poca posibilidad de sobrevivir a las siguientes generaciones.

En el siguiente blog abordaré algunos rasgos de los verdaderos empresarios.

Continuará…

Flavio Ruíz

Junio de 2020